"En la escala de lo cósmico sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero." Theilhard De Chardin

22 de mayo de 2013

El incendio del Teatro Iroquois



El 30 de diciembre de 1903 se representaba ‘El Señor Barba Azul’ en el Teatro Iroquois de Chicago, inaugurado hacía apenas dos semanas antes. El teatro abrió sus puertas en noviembre de 1903 después de numerosos retrasos debido a conflictos laborales. Al abrirlo fue alabado por críticos que aseguraban que su perfección arquitectónica lo hacia uno de los más bonitos de EE.UU. Pero, es tristemente conocido como el edificio que sufrió el peor incendio de la historia de EE.UU.



El teatro se distribuía en tres niveles. La planta principal donde se encontraba la platea y que estaba en el mismo nivel que el vestíbulo. Desde las escaleras del vestíbulo se subía al segundo nivel donde estaban los palcos, y al tercer nivel donde se situaban las galerías. La zona de bastidores era inusualmente grande, con multitud de camerinos, una descomunal galería elevada (donde se colgaban los decorados), e incluso un ascensor para subir a los actores hasta la planta del escenario.

El capitán del departamento de bomberos de Chicago hizo una visita al teatro antes de la inauguración y advirtió que no había extintores, aspersores, alarmas, teléfonos o conexiones de agua, el único equipo de extinción de incendios disponibles eran seis latas de un producto químico en polvo compuesto por bicarbonato de sodio, que se utilizaba para apagar el fuego de la chimenea en las casas. El capitán señaló las escasas medidas contra el fuego de las que disponían al director del teatro, pero se le ignoró.


A poco más de las tres de la tarde del miércoles 30 de diciembre, la sala estaba abarrotada por unos 1900 espectadores, al ser sesión de tarde el público era, en su mayoría, mujeres y niños. La obra requería la luz de la luna para dar ambiente a los cantantes, se consigue con lámparas azules colocadas debajo del escenario a cargo de un electricista, pero por desgracia una de ellas sufre un cortocircuito y las chispas queman parte de lo que era la plataforma de las luces.

Acto seguido se prende un bastidor de lona que subía por el escenario, zona que los espectadores no podían ver. Se empezaron a incendiar telas y maderas del escenario, y en cuestión de segundos, toda la parte superior del interior del escenario estaba envuelto en llamas. El fuego comenzó a extenderse hacia los lados y por encima del personal del teatro. Mientras la función continuaba sobre el escenario, los tramoyistas y actores disponibles luchaban contra el fuego, e intentaban salvar sus vidas y la de sus compañeros. En ese momento se decidió comenzar a bajar el telón metálico, pero quedo atascado a mitad por un cable que se había instalado desde el escenario hasta la galería. Dicho cable serviría para que una de las actrices del ballet aéreo, sujeta por un arnés, pasara volando sobre el público en una de las escenas.


Un trozo de madera ardiendo cayó al escenario, y solo en ese momento los espectadores fueron conscientes de lo que allí estaba sucediendo. Los costados del telón, que se suponía estaban hechos de material contra el fuego, comenzaron a arder de manera violenta, y las personas empezaron a correr hacia las salidas. En el interior del teatro muchos de los trabajadores de la compañía estaban tratando de salir por una puerta de emergencia lateral, pero no solo estaba cerrada con llave, sino que por desgracia se abría desde fuera. La gente del interior del teatro logro destrozar la puerta de emergencia con una barra de acero, pero al abrirla, el aire del exterior creó una corriente que avivó más las llamas.


El teatro se convirtió en una verdadera trampa mortal. El teatro no contaba con alarma de incendios, cuando los primeros asistentes salieron tuvieron que ir a avisar a los bomberos. Muchas de las rutas de salida de emergencia eran confusas. Unas verjas bloqueaban desde fuera el acceso a las escaleras durante las actuaciones, así evitaban que los clientes pasaran desde las galerías a la platea. Se supo también, en la investigación posterior, que de las 10 salidas de emergencia solo dos estaban en uso, y las otras estaban cerradas con llave y con barras de acero como travesaño. Para mayor desgracia, los acomodadores que deberían haber abierto dichas puertas huyeron primero dejando encerrados a su suerte a los espectadores.

Los que estaban en la galería, en la tercera planta, habían corrido para tratar de salvar sus vidas hacia las escasas puertas abiertas buscando las escaleras de incendios, pero esas escaleras aun no se habían puesto. Los primeros en llegar ahí se agarraron a las barandillas, pero los que llegaron después empujaron al vacío a los primeros que habían llegado, sirviéndo estos para amortiguar la caída de los siguientes.


Los espectadores corrían hacia las puerta y se apretujaban en los pasillos sin posibilidad de avanzar, casi asfixiados, empujaban constantemente presionando aun más el tumulto de gente que ya no tenía escapatoria. Otros se caían antes de llegar y eran pisoteados por los demás. El pánico, el mayor responsable de este tipo de tragedias, se propagó mucho más rápido que el propio fuego. Muchos murieron atrapados en pasillos sin salida al intentar abrir las ventanas, ya que estas estaban diseñadas de forma que parecían puertas.


En sólo 10 minutos el teatro fue devorado por las llamas. Los bomberos consiguieron entrar en el vestíbulo pero no podían acceder a la sala porque los cadáveres estaban amontonados hasta arriba y las puertas no se abrían. Cuando lograron entrar extinguieron el fuego en 20 minutos.

La noticia corrió como la pólvora, miles de personas se agruparon en las puertas del teatro, en donde entorpecieron todas las labores de rescate. Los ladrones despojaban a los cadáveres de todos los objetos de valor, hasta el punto de cortar orejas y dedos para llevarse anillos y pendientes. Las bombas y los camiones de traslado de heridos tenían que abrirse paso a empujones entre le gente.



El balance fue de 575 personas que murieron en el acto y más de 30 murieron de las heridas sufridas durante las siguientes semanas. Entre los actores, bailarines y tramoyistas (unos 300) sólo fallecieron 5: la trapecista, un actor secundario, un acomodador, y dos asistentes. El papel de la trapecista (Nellie Reed) era volar como un hada sobre la platea colgada a un cable, el mismo cable que impidió que el telón metálico se bajara. Estaba encima del escenario a la espera de su entrada, cuando comenzó el incendio se cayó. Quedó malherida y falleció tres días más tarde a consecuencia de lesiones internas y quemaduras graves.

Nellie Reed
Irónicamente, el teatro se anunciaba como: absolutamente a prueba de incendios. Menos mal.